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¿Cómo funcionan los recuerdos en los niños?

¿Alguna vez te has preguntado por qué no recordamos casi nada de cuando éramos bebés? Este es un tema que suele despertar mucha curiosidad, porque sabemos que, aunque no recordemos del todo esos primeros años, hemos vivido experiencias que nos han marcado profundamente. Y es que aunque no siempre podamos evocar los recuerdos de cuando éramos pequeños, nuestro cerebro los está almacenando y utilizando para construir nuestra forma de entender el mundo. 

Durante los primeros años de vida, el cerebro se encuentra en pleno desarrollo. Especialmente una zona llamada hipocampo, fundamental para formar recuerdos a largo plazo (te recomendamos ver con tu peque Inside Out para entender esto de forma divertida). En los bebés, esta estructura todavía está madurando, por lo que los recuerdos funcionan de manera diferente a los de los adultos.

Entendiendo la memoria de los bebés

Aunque los bebés no recuerden episodios concretos como “el día que fuimos al parque”, sí almacenan información importante. Por ejemplo, reconocen rostros, voces, olores y rutinas. Estos recuerdos tempranos son sobre todo emocionales y sensoriales.

La psicóloga infantil Patricia Bauer, investigadora de la memoria temprana, explica que la memoria de los niños evoluciona rápidamente, pero no es hasta los 3 años cuando pueden formar recuerdos conscientes y duraderos. Bauer compara el cerebro infantil con un colador grande, donde la información se escapa con más facilidad, mientras que el cerebro de un adulto se compara con un colador pequeño, donde la información se retiene más.

¿Por qué no recordamos nuestra etapa de bebés?

Pues todo tiene una explicación lógica, ya que detrás de este fenómeno se encuentra el término “amnesia infantil”. Este fue popularizado por el neurólogo Sigmund Freud, quien observó que la mayoría de las personas no conservan recuerdos claros de antes de los tres o cuatro años.

La ciencia actual sugiere varias razones. Una de ellas es que el cerebro aún está formando las conexiones necesarias para almacenar recuerdos autobiográficos duraderos. “Necesitas ser capaz de pensar en tu comportamiento con respecto a cómo se relaciona con los demás”, dice Vanessa LoBue, profesora de psicología especializada en desarrollo infantil Otra es el desarrollo del lenguaje: cuando los niños empiezan a hablar, también comienzan a organizar mejor sus recuerdos.

Según la psicóloga Carolyn Rovee-Collier, pionera en el estudio de la memoria infantil, los bebés pueden recordar momentos de su vida, pero de corta duración, y que además, su memoria depende mucho del contexto. 

Inside out (2015)

Los recuerdos que construyen la seguridad emocional

Aunque no recordemos conscientemente esos primeros momentos, lo que vivimos (y cómo lo registramos) en esa época tiene un impacto profundo. Por eso, es importante crear un ambiente lleno de afecto y seguridad emocional para nuestro peque, ya que los recuerdos asociados a emociones positivas facilitan el desarrollo de la memoria (y son los más duraderos). 

A través de una rutina llena de contacto físico, caricias, un tono de voz cariñoso, podemos crear recuerdos positivos en nuestro bebé. Es más, según los expertos, cuando reciben estas atenciones, las habilidades cognitivas como el lenguaje y la memoria se desarrollan mucho mejor.

Estas experiencias se convierten en la base de algo muy importante: la sensación de seguridad. Un bebé que vive en un entorno estable aprende que el mundo es un lugar predecible y lleno de cuidado.

Los recuerdos en los bebés y niños no funcionan como una cámara que guarda escenas exactas. Funcionan más bien como una colección de sensaciones, emociones y aprendizajes que se van entrelazando con el tiempo.

Es probable que tu bebé no recuerde ese cuento o esa nana dentro de veinte años. Pero sí recordará la seguridad que sintió en sus primeros años de vida. ¡Las sensaciones nunca se olvidan! 

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